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domingo, 9 de diciembre de 2007

Hasta el fin del mundo. Wim Wenders. Sueño y realidad en la era de la imagen.


Hoy he visto una película curiosa de Win Wenders. Transcurre en un futuro próximo (en realidad la fecha que puso Wenders ya ha sido sobrepasada hoy en día) Es la historia de un viaje alrededor del mundo. De dos personas que se buscan y al mismo tiempo quieren perderse. Pero Alli donde estén no pueden escapar de sus perseguidores en un mundo colapsado por aparatos electrónicos que lo ven todo, que hacen imposible la huida. Pero también hacen imposible ver lo que es real. Detenerse a mirar.
En esa huida, los personajes registran lugares y personas alrededor del mundo con una cámara que recoge la sensación neuronal provocada en el cerebro por el estímulo de la visión. Es una cámara que, resuminendo, graba lo que el cerebro ve. Todas esas grabaciones son el fin último de ese viaje/huida. William Hurt las realiza para llevárselas a su madre (Jeanne Moreau) ciega mediante una cámara diseñada por su padre (MAx Von Sydow), un cienfico que vive en el último confín del mundo.
Allí transcurre la segunda parte de esta película. Extrayendo las imágenes del cerebro de William Hurt para revivir el mundo (en realidad "su" mundo) para Jeanne Moreau. Estas imágenes se confunden con sus pensamientos, con sus sueños. Y deben de ser reconstruidas por Max Von Sydow en un proceso, que lleva al conflicto y a la exploracion de las emociones. Debe extraer las imágenes de la cabeza de William Hurt, violando sus sueños, sus emociones, para separalos de las imagenes y reconstruir la realidad que este vio.
La película es desconcertante. Pero encierra una reflexión que no es muy lejana de lo que ya es real hoy. El acopio de imagenes e información de forma sistemática ya es un hecho. Las cámaras digitales se han convertdo en algo común. Y la cantidad de imágenes que se toman con ellas cada día es incalculable. Pero sus fotografías son cada día más vacías, no tienen la intensidad y la implicación emocional de aquellas imágenes tomadas con una vieja SLR. No nos detenemos a "ver", solo miramos. se ha perdido el esfuerzo necesario para ello. Wenders lo explica muy bien...

"Los pintores digamos clásicos, Vermeer o Hopper, han pasado mucho más tiempo estudiando los objetos que a la gente. Ese respeto por los objetos se encuentra en la fotografía y tengo la impresión de que la mirada que produce imágenes a través de un aparato electrónico ya no tiene ese respeto hacia los objetos. Cuando se trabaja con una cámara de vídeo, no se hacen primeros planos de los objetos. Rodar paisajes resulta desalentador, porque el resultado es pobre, y como se hace tan rápido, la toma es instantánea, sin revelado, hay mucha menos preparación interior. Se acostumbra uno muy rápidamente a ser mucho más superficial. Creo que será difícil implantar en las nuevas tecnologías de la imagen la misma profundidad que en la pintura o en la fotografía.

La mirada es siempre un acto de amor. Pero el vistazo/Look es rápido, se olvida rápidamente y se hace sin preparación, con mucho menos implicacion. La que el lenguaje electrónico va a crear, es sólo verlo todo. Y será increíblemente difícil inventar una mirada a través de una cámara de vídeo con la misma emoción que se tiene con cualquier máquina de fotos. No sé por qué. Seguramente hay gente que ha reflexionado acerca de esto. (...)"

Podríamos darle la vuelta a las palabras de Wenders y decir que si no educamos nuestra mirada, para ver con emoción, con implicación, no podremos querer. Acumularemos retazos de la realidad, sin que ellos dejen huella en nosotros, sin que nosotros dejemos nuestra huella en ellos...

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