En mitad del desierto, donde un día estuvo la gran ciudad de Persépolis, hoy sólo permanecen en pie dos grandes esfinges. Cuenta la leyenda, que estas esfinges eran la puerta de un gran salón que conducía a los embajadores extranjeros hasta los pies del Gran Emperador de los Persas. El Gran Emperador de los Persas era el hombre más rico y poderoso sobre Entre los hombres sabios que le rodeaban, había arquitectos y magos, que miraban las estrellas y leían en ellas el destino del Gran Emperador. Así fue que uno de ellos vio en las estrellas un mal augurio para su señor. Sin tardar, le contó al Gran Emperador que había visto como un hombre que venía de lejos traería la destrucción a su corte. El Emperador encargó entonces a sus arquitectos y magos que construyeran una trampa para atrapar a aquel hombre. Después de muchos días consultando las estrellas y debatiendo cual sería la mejor trampa para atraparlo, pensaron que deberían construirla en el camino que llevaba a los pies del Gran Emperador en el Salón de las Audiencias Públicas. Construyeron dos esfinges gigantescas. Una a cada lado del camino. No eran unas esfinges ordinarias. Eran dos esfinges mágicas. Estaban diseñadas para atrapar el alma de aquel que trajera la destrucción a la corte del Gran Emperador. Un día, un emisario llegó de tierras lejanas. Era un hombre sabio, pero joven; ni muy rico, ni muy pobre. Se alojó con los otros emisarios que iban a ver al Gran Emperador en unas dependencias especiales. Por la noche, como se hacía siempre, la corte del Gran Emperador, al completo, organizó una gran fiesta para agasajar a todos los emisarios. En ella, las bailarinas del Gran Emperador bailaron para ellos. De entre todas ellas, el emisario, ni rico ni pobre, se fijó en una. Ella era bella como las otras. Ni alta, ni baja, pero en sus ojos brillaba una llama que encendió el alma del emisario. Ella bailó para él. Ambos se amaron en ese instante, sin saber más el uno del otro. El emisario tomó una determinación. Pedir al Gran Emperador la mano de aquella bailarina en la audiencia ante el Gran Emperador. Cuando le llegó su turno fue llamado para "Cuento del Viento y las Esfinges", el Reymono Febrero de 2008
Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons.
Inspirado por las panografías sobre Persépolis de el WHTour, para el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
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lunes, 25 de febrero de 2008
Cuento del Viento y las Esfinges
miércoles, 9 de enero de 2008
Persépolis.

Persépolis transcurre entre Francia, Austria e Irán. Es la historia de una niña soñadora. Como aquella Mafalda que se peleaba con el mundo y le decía: ..."vos vas a ser bueno?" Pero hay lugares en los que si eres mujer es más dificil ser una soñadora. Y de eso va Persépolis de una niña soñadora que crece y por el camino le "arrugan" un poco sus sueños.
Sueños que vive con un pie en Europa y otro en Irán. Esto sirve para contrastar dos formas de vida distintas. Así Marjie se siente extranjera en Irán por la falta de libertad individual y como mujer. Por desgracia, también es una extraña en Europa. Donde dicen respetar sus libertades como individuo; pero no respetan sus orígenes, ni su identidad cultural; a la que miran por encima del hombro, enfermedad congénita de nuestra vieja Europa. Por otro lado, en Irán, disfruta de una familia estructurada y en la que la relación entre generaciones es sana y completa. Mientras en Europa, se encuentra sóla y rodeada de "nihilistas" y "emos" que reflejan con bastante fidelidad la progresiva falta de comunicación entre las diferentes generaciones que es más común en las sociedades que llamamos más desarrolladas.
El mundo, no es perfecto. ¿Verdad Marjie/Mafalda? Si pudiera te lo sujetaba para que le dieras una buena lección. Pero, mientras no podamos hacer eso, estará bien reirnos un poco de él...y soñar a ratos.